Editorial viernes 17 de febrero de 2012- N° 3456
20 de febrero de 2012 | Sin categoría
Controversias
La minería a cielo abierto, así como el desmonte de los bosques naturales o cualquier otra innovación tecnológica sospechada de depredar la naturaleza o dañar el medio ambiente, es objeto de grandes y encendidas controversias.
El ambientalismo ha cobrado una gran fuerza en el mundo entero e influye sobre todas las agrupaciones políticas, desde las conservadores a las liberales y las socialistas. Incluso hay partidos ambientalistas con representación parlamentaria o en coaliciones de gobierno.
Uno de los grandes temas es el del “calentamiento global” o “efecto invernadero”, provocado por la emisión de gases y sustancias de origen industrial que han generado cambios climáticos y enfermedades, además de alterar el orden de la naturaleza.
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Desmontar bosques en forma indiscriminada y masiva es una cosa. Otra es levantar empresas en lugares montañosos o alejados de los centros urbanos, obligadas a cumplir con todas las reglamentaciones internacionales. Y otra es instalarse en la montaña, haciendo uso intensivo de recursos que, como el agua, suelen ser un bien escaso, demandado también por agricultores, otras industrias y la misma población para su consumo.
Las empresas mineras que trabajan a cielo abierto se han convertido en grandes fuentes de ingresos para algunas provincias argentinas, pero los expertos advierten que antes de iniciar una explotación de esta naturaleza debería considerarse si las empresas no pueden ser reducidas en su escala y usar mucho menos cianuro y agua dulce que los que emplean ahora.
En Bella Vista teníamos una mina de oro a cielo abierto: Los naranjales. Pero las políticas económicas incorregibles de distintos gobiernos la hicieron bolsa.






